miércoles, 10 de diciembre de 2008

Para conocer un poco más

CAMINO DE LA SOLIDARIDAD

¿Podemos hablar de solidaridad en un mundo marcado por la competitividad?

¿Tiene lugar la globalización de la solidaridad en el mundo de la globalización de la economía?

Desde el primer enunciado, el presente evento nos quiere convocar a que junto al proceso de globalización de la economía, de la cultura, trabajemos porque se vivan, se hagan vigentes algunos valores fundamentales, como el de la solidaridad, la dignidad humana, la equidad y la justicia.

Mirado desde otro ángulo, cuantos estamos aquí reunidos pretendemos que los pocos o muchos esfuerzos de solidaridad que se dan en nuestros respectivos países sean conocidos, se difundan y promuevan.

Pienso que el valor de la solidaridad nos urge hoy más que nunca con una exigencia especial, porque percibimos en muchos sectores de nuestra sociedad exactamente lo contrario a lo que debe ser la solidaridad humana: el no sentir como propios los problemas y carencias de una gran mayoría empobrecida de nuestros pueblos y la falta por tanto de interés de los unos por los otros, llegando hasta situaciones alarmantes de exclusión.

Es precisamente la solidaridad la que en la Doctrina Social de la Iglesia es propuesta como el alma del verdadero desarrollo, la que en definitiva dota de alma y rostro humano a la economía y a la política.

En algunos círculos, como los nuestros, se relaciona economía con solidaridad y se habla de economía solidaria en contraposición a una economía que en función a los valores de la competencia y la eficacia viene reduciendo los servicios sociales. Particularmente en nuestra realidad latinoamericana estamos viviendo políticas económicas que vienen promoviendo la reducción de la responsabilidad de los gobiernos y los Estados en aspectos básicos para el desarrollo humano como la salud y la educación.

"El desarrollo humano no será fruto de los mecanismos económicos que funcionan por sí mismos y que bastaría promover. La economía se hará más humana gracias a todo una serie de reformas, en todos los niveles, orientadas hacia el mejor servicio del bien común, es decir guiadas por una visión ética fundada en el valor infinito de cada hombre y de todos los hombres, es necesaria una economía que se inspire en la necesidad de entablar relaciones entre los pueblos sobre la base de un constante intercambio de dones, de una verdadera «cultura del dar» que debería preparar a todos los países para afrontar las necesidades de los menos favorecidos".

Este artículo fue elaborado en nombre del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), y realizado por el propio Obispo del Callao.

En mi opinión el mundo no debería manejarse solo con dinero, sino mas bien con más ayuda humanitaria a la gente necesitada; si el mundo no fuera tan codicioso y avaro la historia sería diferente, y con el mundo me refiero a la gente que en el habita.
Mucha de la gente opta por hacerse los que no pasa nada cuando ven a un ser humano golpeado por la vida.

¿Acaso no es obvio al ojo observador que la falta de solidaridad no conduce a otra cosa que al aletargamiento de la civilización y la falta de desarrollo conjunto de todos los hombres? La falta de solidaridad no sólo afecta a los necesitados, o a los países en desarrollo, o a los ignorantes. La falta de solidaridad se revierte en contra nuestra, y nos afecta tan directamente como a los más necesitados. Ser solidarios con los demás, podemos decir, es ser solidarios con nosotros mismos, pero de una manera genuina, legítima. Preocuparnos por nosotros y por los nuestros es justo, pero no a costa de los demás, sino de la mano de los demás, colaborando con el desarrollo de todos.

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